
El cierre de operaciones de Spirit Airlines en Honduras no solo representa la salida de una aerolínea del mercado, sino un golpe directo a la conectividad aérea del país y a su economía. La decisión deja al descubierto la fragilidad del sistema aeroportuario nacional y enciende las alertas en sectores clave como el turismo, comercio e inversión extranjera.
Reducción de vuelos y pasajeros impacta el país
Según el análisis de Peter Fleming, esta salida implica la pérdida de al menos 24 frecuencias semanales hacia Estados Unidos, reduciendo significativamente la oferta de vuelos internacionales. Además, esta disminución afecta la competitividad de Honduras frente a otros destinos de la región.
Fleming explicó que se dejarían de movilizar más de 130 mil pasajeros al año, lo que repercute directamente en el turismo, los viajes de negocios y la movilidad de los hondureños. “Estamos hablando de una caída importante en la cantidad de viajeros que utilizan el transporte aéreo como vía principal”, afirmó.
Pérdidas millonarias en ingresos aeroportuarios
En términos económicos, el impacto del cierre de Spirit Airlines en Honduras es considerable. Fleming detalló que la pérdida en ingresos aeroportuarios ronda los 4.7 millones de dólares anuales, derivados principalmente de tasas por pasajero.
El golpe se siente con mayor fuerza en San Pedro Sula, donde la aerolínea operaba rutas hacia ciudades como Fort Lauderdale, Orlando, Houston y Nueva Orleans. Solo en esta terminal, la pérdida estimada alcanza los 3.2 millones de dólares anuales, afectando además a miles de pasajeros y al empleo dentro del sector aeronáutico.
