TURISMO / 02 de Abril del 2025

3.45 litros de agua por imagen es el costo oculto del arte con IA inspirado en Ghibli

La creación masiva de imágenes con inteligencia artificial inspiradas en Studio Ghibli se ha convertido en la última tendencia viral, pero su impacto ambiental ha generado preocupación. A pesar de la fascinación por convertir selfies en escenas que recuerdan a "Mi vecino Totoro" o "El viaje de Chihiro", detrás de esta práctica hay un coste oculto: el consumo de agua y energía.

Según estudios recientes, cada imagen generada con IA puede consumir hasta 3,45 litros de agua debido al enfriamiento de los servidores que procesan estas solicitudes. En solo cinco días, se han gastado más de 216 millones de litros de agua, una cantidad equivalente al suministro mensual de una pequeña ciudad.

Este gasto hídrico se debe al funcionamiento de los centros de datos, donde servidores con potentes unidades de procesamiento gráfico (GPU) generan un calor extremo. Para evitar el sobrecalentamiento, estas instalaciones recurren a sistemas de refrigeración que dependen en gran medida del agua. Parte de este recurso se evapora durante el proceso, mientras que el resto se recircula para enfriamiento continuo.

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Detrás del arte digital con IA

El impacto no se limita solo al agua. La energía requerida también es considerable. Crear 1.000 imágenes con IA consume cerca de 2,9 kWh, lo que equivale a cargar un smartphone 132 veces. Además, este alto consumo eléctrico también contribuye a la emisión de carbono. 

Los centros de datos representan actualmente entre el 1% y el 1,5% del consumo total de electricidad a nivel mundial. En regiones como Arizona y Utah, donde operan muchas empresas tecnológicas, el uso de agua para refrigeración se ha convertido en un problema crítico, sobre todo en zonas propensas a sequías. Algunos centros de datos han llegado a consumir decenas de millones de litros de agua al año, llevando este problema a límites alarmantes.

El debate sobre la sostenibilidad de la inteligencia artificial sigue abierto. Mientras la tecnología avanza y las tendencias virales continúan, también crece la preocupación por su impacto ecológico. La pregunta es: ¿estamos dispuestos a asumir este costo ambiental por la creación de arte digital?

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