
La presidenta de Mujeres por Honduras, Carolina Alduvín, cuestionó que el endurecimiento de las penas sea la principal herramienta para frenar los femicidios, al señalar que muchos de estos hechos ocurren en contextos de impulsividad, ira o crisis emocionales donde el agresor no mide las consecuencias.
Alduvín explicó que, aunque el aumento de las condenas puede tener un efecto disuasivo en casos premeditados, su impacto es limitado en los denominados crímenes “pasionales” o impulsivos, donde —según dijo— el agresor actúa sin medir consecuencias legales ni humanas.
“El aumento de penas no es suficiente para prevenir los femicidios en el país, especialmente aquellos que ocurren en momentos de ira, desesperación o conflictos emocionales”, expresó.
La especialista agregó que en casos planificados o motivados por venganza sí podría existir un efecto de contención, pero insistió en que la mayoría de hechos de violencia contra mujeres en el país responden a dinámicas emocionales y relaciones de poder marcadas por patrones culturales.
“Si se trata de algo planificado, de una venganza o un contrato, es posible que sí se lo piensen más, pero en los pasionales no creo”, añadió.
Alduvín sostuvo que la respuesta del Estado debe ir más allá del enfoque penal y centrarse en la prevención, particularmente a través de la educación y la transformación de patrones socioculturales que normalizan la violencia de género.
En ese sentido, señaló que la persistencia de una cultura patriarcal continúa siendo uno de los principales factores que inciden en la violencia contra las mujeres, al reforzar relaciones de control, subordinación y desigualdad.
Asimismo, advirtió que la impunidad y la debilidad en los procesos de investigación siguen siendo elementos que agravan el problema, junto con factores sociales como el encubrimiento de agresores dentro del entorno familiar por miedo, dependencia económica o presión social.
