
Con las lluvias, la ropa tarda días en secarse, huele a humedad y la tentación es recurrir a lo que haya a mano, desde la plancha hasta la secadora de pelo, y eso se nota en la factura de la ENEE.
La CREE aprobó un ajuste de 0.64% para octubre, noviembre y diciembre, pero la ENEE no puede trasladarlo a la factura, por el congelamiento de seis meses de la Ley de Justicia Energética.
El primer paso para que la ropa se seque rápido es escurrirla bien, ya sea retorciéndola a mano, envolviéndola en una toalla seca y presionándola, o con el centrifugado fuerte de la lavadora, porque mientras menos agua tenga, menos tardará.
Después, hay que tenderla bajo techo pero con corriente de aire, en un corredor, un patio techado o un cuarto con las ventanas abiertas, y nunca amontonada, con espacio entre cada prenda y ganchos para camisas y blusas, para que el aire circule.
Un ventilador apuntando a la ropa acelera el proceso y gasta una fracción de lo que consumen los aparatos de calor, así que unas horas bastan para ver la diferencia.
También conviene lavar por la mañana, para que la ropa tenga todo el día para secarse, y sacarla al sol de inmediato si sale, con un plan B bajo techo por si vuelve a llover. Lavar menos veces y con la carga completa ayuda, porque hay menos ropa mojada acumulada.
Lo que no conviene es secar la ropa con la plancha ni con la secadora de pelo, porque son de los aparatos eléctricos que más energía consumen, y gastar en ellos para secar una camisa no vale la pena.
Tampoco guarde nada húmedo en el armario, porque la ropa que no está completamente seca agarra mal olor y moho.

