
Detrás de la historia del general Francisco Morazán, una de las figuras más importantes de la historia centroamericana, también existe una historia familiar poco conocida: la de su hija Adela Morazán Lastiri de Ulloa, quien vivió 79 años después del fusilamiento de su padre y conservó parte de su legado familiar en El Salvador.
Adela nació en 1838 en El Salvador, durante el período en que su padre ejercía el poder en ese país. Fue hija del matrimonio de Morazán con María Josefa Lastiri Lozano. A los cuatro años se trasladó con su madre y sus hermanastros a Costa Rica, pero tras la ejecución del general, en septiembre de 1842, regresó a El Salvador, donde pasó el resto de su vida.
En 1860, cuando tenía aproximadamente 22 años, contrajo matrimonio con el doctor Cruz Ulloa, originario de La Esperanza, Intibucá, Honduras. Su esposo llegó a ocupar el cargo de ministro de Relaciones Exteriores de El Salvador, convirtiéndose en una figura destacada de la vida pública salvadoreña.
Adela murió en 1921, a los 83 años, rodeada de sus hijos y nietos. Con el paso de las generaciones, sus descendientes en El Salvador dejaron de utilizar el apellido Morazán y muchos conservaron el apellido Ulloa. Su historia permite conocer una faceta más íntima del prócer centroamericano, cuyo legado trascendió las batallas y la política para permanecer también en su familia.

